El enigma

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Vuelta a la cocina, a ese cajón, y al otro; y a remirar la cesta de la ropa sucia, presta a ser zarandeada por la dócil lavadora, que reclama la atención de Antonia con un sonoro tracatá y un último zumbido, señalando de esta suerte, la terminación de su rutinaria y centrífuga tarea.
–    Vamos: un sin parar. - se dijo, tras sacar la ropa de la misma, y examinarla con precisión inusual. –--Nada, que no están. ¿Dónde lo habré metido? Uno, dos,tres…Nada de nada. Anda, Manuel, cuéntalos tú-
 “Diez. Ni uno más”, contestó su marido.

-Pues falta un par. ¡Y un par de medias! ¡Tiene narices la cosa! Llevo toda la tarde dando vueltas al asunto, y no salen las cuentas. Y por más que miro y vuelvo a contar no hay manera, Aburridita estoy de buscar por todos los rincones de la casa, ¡y hasta  del patio! ¿Qué si he mirado debajo de las camas? ¡Tres veces! ¡Y las mismas debajo de las almohadillas! ¿Qué si he echado un vistazo a los armarios? Tú veras. Un vistazo no: he sacado la ropa una por una dos veces, y nada de nada.
Y mientras Antonia y Manuel seguían con su obsesionada tarea, su nieta Sonia y su amiga Dolores, se entretenían, trayendo de una obra, al patio de sus abuelos, pequeñas brazadas de objetos,  y otra serie de menudencias, que fueron depositadas con sumo cuidado en uno de los rincones de dicho patio. Y así poco a poco, las dos muchachitas, tras varios viajes cargadas con ladrillos, consiguieron formar un hermoso montoncito de cosas, en uno de los rincones del corral. ¡Cómo contemplaban su tesoro! ¡Qué hermosura! Pero faltaba algo. Sólo un detalle. Había que dejar una señal inequívoca en ese montón de cosas. ¡Su rúbrica!- Sí, sí.- se decían, - ¡Nos da tiempo! Sí, Dolo. Vamos deprisa. ¡Qué se note! -Y las dos muchachitas se fueron muy contentas a poner la firma a su minuciosa tarea, mientras los abuelos terminaban de registrar los lugares más ocultos de la casa, hasta que sudorosos y cansados, dejaron la búsqueda, hartos de revisar los mismos cajones y demás sitios estratégicos.
-Pues ya ves que no están: ni los calzoncillos ni las medias.
- Vamos a dejarlo. Mañana veremos.
-Voy a cerrar la puerta del corral.
-Vale.
Pero los dos ancianos tras encender la luz del patio, con unos ojos como platos,  contemplaron la huella del delito: ¡habían entrado unos intrusos, y seguro que eran  los ladrones de sus prendas íntimas! ¿Qué tramarían? Y… ¡horror! ¿Qué quería decir ese enigmático mensaje, escrito con enormes letras en esa hermosa cartulina? ¿Por dónde y cuándo habían entrado ? ¿Qué pretendían? Y sobre todo, las premonitorias palabras, que anunciaban la vuelta de los ladrones:
¡VOLVEREMOS!. Eso es lo que más  les inquietaba. Al día siguiente, darían parte a las autoridades.

-Manuel, ni un resquicio. Puertas y ventanas cerradas, que quede la casa blindada a cal y canto. ¡Ni una mosca!
-Ve cerrando bien las ventanas, que yo echo el cerrojo y pongo la tranca de la puerta de la calle. Aquí no entra ni el gato de la vecina.

  Terminada la tarea, nuestros dos abuelitos, sin poder contener la ansiedad que les embargaba, pasaron la noche con un  ojo cerrado y el otro avizor; así es que se levantaron tronchados; pero  reconfortados al observar, que no había entrado nadie durante la noche.

-    Mira, mira el letrerito. Amenazan con volver. ¡Ahí lo pone!. decía la abuela a su hija, mientras la nieta y su amiga, escuchaban atentamente, sin atreverse a descubrir el secreto, al tiempo que contenían la risa. ¡Cualquiera confesaba!; mas sus gestos y los esfuerzos por contener la risa, las iban delatando, ante la mirada acusadora de la madre.
-    -¿Así qué habéis sido vosotras…? ¿Y a qué viene esa tontería de traer aquí toda esa porquería? ¡Pero es que estáis tontas?
-    ¿ Y lo del cartelito?.¿ Cómo se os ha ocurrido esa gilipollez!: ¡VOLVEREMOS! Menuda nochecita con el dichoso cartelito. ¡No os pego un pescozón…! Vamos, vamos, largo de  aquí-
Y  tras  desbordarles una incontenible carcajada, las dos amigas, tomaron Las de Villadiego, y los abuelos, llenos de curiosidad, se preguntaron:
-¿Pero y los calzoncillos y las medias?.
- Eso sí que tiene miga…porque está claro, que ellas no van a ponerse ni lo uno ni lo otro. ¿Dónde leches estarán?
-¿Habrán entrado los ladrones?.....

Agosto 2013-08-16

Félix Criado Manzano

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