Dinastía catalanoaragonesa.

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HISTORIA CRONOLÓGICA DE CATALUÑA (IX)
(DESDE LA PREHISTORIA HASTA LA ACTUALIDAD)

Dinastía catalanoaragonesa.
1164-1196: Alfonso II. Rey de Aragón y Conde de Cataluña. Nació en 1152. Hijo de Ramón Berenguer IV y de su esposa Petronila. Tras haber sucedido a su padre en Cataluña en 1162, gobernó este condado su primo Ramón Berenguer II, conde de Provenza, mientras que su madre gobernó el reino de Aragón hasta 1164, cuando renunció la corona aragonesa en su hijo primogénito Ramón, que entonces cambió su nombre por el de Alfonso II; se hizo cargo del gobierno de Aragón y Cataluña, y trasladó su corte a Barcelona. Al morir su primo, el conde de Provenza en el año 1166, el conde de Tolosa quiso usurpar este condado; pero Alfonso II se presentó en la Provenza con un ejército, arrojó de allí al de Tolosa y recuperó el condado de Provenza. Después guerreó contra Castilla, Navarra y los musulmanes, a los que tomó muchas plazas

En el año 1172, fue reconocido en Niza, Nimes y Carcasona; en ese mismo año, heredó el Rosellón por testamento de su último conde, Gerardo II; y, en 1177, el último conde de Cerdaña, Bernardo Guillermo, también le legó su condado. En 1179, acordó Alfonso II con Alfonso VIII de Castilla que, al conquistar Valencia, perteneciera este reino a Aragón, incluyendo Játiva y Biar (Alicante), mientras que para Castilla serían las tierras comprendidas desde más allá del valle de Biar. Alfonso II murió el 25 de abril de1196 en Perpiñán. En 1174, se casó con Sancha (hija de Alfonso VII de Castilla); de este matrimonio nacieron: Pedro (que heredó Aragón y Cataluña), Alfonso (que heredó Provenza) y Fernando (que profesó en la Orden del Cister).

1196-1213: Pedro II de Aragón y I de Cataluña (el Católico). Nació en 1174. Hijo de Alfonso II y de su esposa Sancha. Sucedió a su padre en el año 1196. En 1204, firmó un tratado con Castilla, por el que se estableció la frontera entre los dos reinos. En noviembre de ese mismo año, fue a Roma, para ser coronado por el papa Inocencio III (1198-1216), quien elevó la institución papal al máximo poder de su historia. El Papa coronó a Pedro II con toda pompa, le nombró alférez mayor de la Iglesia y le concedió el privilegio de que, desde entonces, los reyes aragoneses fueran coronados en Zaragoza por el arzobispo de Tarragona; Pedro II, a cambio de todo esto, cedió su reino a san Pedro, se declaró tributario de la Santa Sede, quedando obligado él y sus sucesores a pagar un sustancioso tributo anual al Papa; además, prometió obediencia y fidelidad al Sumo Pontífice, y también se comprometió a no permitir ningún tipo de herejía en sus Estados.

Esto ocasionó un problema entre Pedro II y sus súbditos, porque el rey tuvo que crear un nuevo impuesto, llamado monedaje, para poder pagar el tributo anual al Romano Pontífice; pero muchos nobles y universidades se levantaron contra ese impuesto, a tal punto que el rey tuvo que rebajar la cuantía. Por otra parte, debido a todas esas concesiones que hizo a la Iglesia Católica, recibió el sobrenombre de “el Católico”. En 1210, conquistó los castillos de Adamuz, Castelfarib y Sistella a los musulmanes. También participó, en el año 1212, en la batalla de las Navas de Tolosa contra los almohades (véase abajo el mapa 17). En 1213, el compromiso contraído con el Papa en 1204, de no permitir la herejía en sus Estados, lo llevó a la muerte.

En efecto, en 1122, Pedro de Bruys (discípulo del célebre filósofo y teólogo francés Pedro Abelardo, 1079-1142) empezó a predicar, por el sur de Francia, ciertas doctrinas contrarias a varios dogmas católicos; andando el tiempo muchos católicos lo siguieron; el grupo fue creciendo hasta que la Iglesia Católica intervino, y un Concilio reunido en el año 1176 los condenó por herejes; como ese Concilio se celebró en la ciudad de Albi (Francia), a esos condenados se les dio el nombre de albigenses. A pesar de esa condena, los albigenses se multiplicaban por el sur de Francia; el III Concilio de Letrán, en el año 1179, prohibió, a los católicos, todo trato con loa albigenses bajo pena de excomunión. Por fin, el Papa predicó una cruzada contra los albigenses, en la cual prometía, a todos los que formaran el ejército para esa cruzada, con sólo participar en ella cuarenta días, la misma indulgencia que a los cruzados de Tierra Santa; se formó un gran ejército, en el que participaron varios arzobispos, obispos y abades; muchos albigenses perecieron en esa cruzada; en la ciudad de Beziers, preguntaron los cruzados cómo distinguir a los católicos, para no matarlos, a lo que contestó el abad Arnoldo: “Matad, matad a todos, que luego Dios los distinguirá en el cielo”; […].

(Continuará).                                                   
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