¿QUÉ SUCEDIÓ CON EL CUERPO DE CRISTO?

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Por Pedro de Felipe del Rey

A lo largo del tiempo, han aparecido varias versiones sobre este asunto. He aquí cinco de ellas:

PRIMERA VERSIÓN: Mientras Jesús estaba muerto en el día de sábado, los sacerdotes y los fariseos, de acuerdo con el gobernador romano, se aseguraron de que nadie pudiera robar el cuerpo de Cristo, que estaba en el sepulcro; éste es el relato de los hechos: “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y sea el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. Pasado el día de sábado, al amanecer el primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, […].” (Mateo 27:62-66; 28:1-7). He aquí la primera versión que afirma claramente que el cuerpo de Cristo resucitó.

SEGUNDA VERSIÓN: El relato de Mateo continúa así: “Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oye el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.” (Mateo 28:11-15). Es evidente que, los testigos oculares “… de todas las cosas que habían acontecido”, tras ser sobornados con “… mucho dinero…”, cambiaron su testimonio, pasando a decir que el cuerpo de Cristo fue robado por sus discípulos; ésta es la segunda versión; pero, si estaban dormidos, ¿cómo sabían quién robó el cuerpo?

TERCERA VERSIÓN: Esta versión consiste en afirmar que Cristo no murió en la cruz, sino que fue descendido de ella estando todavía vivo; le curaron las heridas, y después vivió y murió en Cachemira; estas afirmaciones se fundan en las manchas de sangre de la “Sábana Santa”: “¿Por qué afirmo que Jesús no llegó a morir en la cruz? […].  Los análisis científicos de la llamada ‘Síndone de Turín’ parecen demostrar por otra parte que esta sirvió realmente de envoltura al cuerpo de Jesús una vez bajado de la cruz, y de la distribución y cantidad de puntos de sangre que muestra se deduce que el cuerpo de Jesús estaba vivo después de haber sido bajado de la cruz, […]. ¿Cómo y por quién fueron curadas las heridas de Jesús? Fueron curadas por el médico Nicodemo con un ungüento llamado Marham-i-Isa, […]. ¿Cómo fue acogido Jesús entre los antiguos cachemires? Como una persona santa, como un profeta, acogiéndose muchos cachemires a sus enseñanzas. […]. Pero, por otra parte, en el sector Khanyar de la ciudad de Srinagar, capital de Cachemira, está enterrado el cuerpo de Jesús en la cripta conocida por el nombre de ‘Rozabal’.” (Andreas Faber-Kaiser: Jesús vivió y murió en Cachemira, 2005, pp. 29, 30, 33).

CUARTA VERSIÓN: El campeón de esta versión es John Dominic Crossan, quien, en su libro titulado Jesús: biografía revolucionaria, 1996, dice esto: “Jesús fue enterrado, si es que lo fue, por sus enemigos, y su tumba, por fuerza poco profunda y cavada deprisa y corriendo, sería enseguida descubierta por los perros y demás animales carroñeros.” (p. 178). En la portada trasera de este libro, se dice: “John Dominic Crossan, católico y profesor de Estudios Bíblicos en Estados Unidos:”. Es evidente que, según la enseñanza de este profesor, el cuerpo de Cristo no resucitó ni permaneció en la tumba, sino que ésta “sería enseguida  descubierta por los perros y demás animales carroñeros”.

QUINTA VERSIÓN: El autor de esta versión se expresa así: “Digámoslo, por tanto, de forma totalmente concreta: la tumba de Jesús no estaba vacía, sino llena, y su cadáver no se esfumó, sino que se descompuso.” (Gerd Lüdemann: La resurrección de Jesús, 2001, Editorial Trotta, p. 153). En la contraportada trasera de este libro, se da esta información: “Gerd Lüdemann es profesor de Nuevo Testamento y Director del Instituto de Estudios Cristianos Antiguos en la Facultad de Teología de la Universidad de Gotinga.” Es evidente que, según la enseñanza de este profesor universitario, la quinta versión consiste en afirmar que el cuerpo de Cristo se descompuso dentro de su tumba.
    Ahora uno podría preguntar cuál de esas cinco versiones es la verdadera, a lo que otro podría responder con el refrán que dice: “Doctores tiene la Iglesia que sabrán responder.” Y precisamente uno de esos doctores ya ha respondido eligiendo la quinta versión. Se trata de Juan José Tamayo-Acosta, doctor en Teología y profesor de la Universidad Carlos III, de Madrid, quien refiriéndose al libro de Lüdemann, citado en el último lugar, dice esto: “[…] una manera de ver las cosas consecuente con la cosmovisión moderna debe renunciar definitivamente a la resurrección de Jesús como suceso histórico. Y concluye (con la cita de Lüdemann): ‘la tumba de Jesús no estaba vacía, sino llena, y su cadáver no se esfumó, sino que se descompuso.’ […]. Las ideas e interpretaciones tradicionales sobre la resurrección de Jesús han de darse por acabadas y ser sustituidas por otras.” (Juan José Tamayo-Acosta: Dios y Jesús, Editorial Trotta, 2003, p. 168).

    He ahí lo que dicen los antiguos y modernos negadores de la resurrección del cuerpo de Cristo: “fue robado”, “no murió en la cruz, sino que se fue a vivir a Cachemira”, “se lo comieron las alimañas”, “se descompuso en su tumba”. Es evidente que esos negadores de la resurrección del cuerpo de Cristo están envueltos en un cúmulo de ridículas contradicciones entre sí mismos; por tanto, mientras que se ponen de acuerdo entre ellos sobre lo que pasó con el cuerpo de Cristo, y presentan las pruebas de lo que dicen (pues todo lo que han dicho sobre este asunto sólo son afirmaciones gratuitas), y como, para estas cosas, la Biblia es la medida, cotejamos con ella lo que dicen estos negadores de la resurrección de Jesús, y vemos que no se fundan en la Biblia; por eso, nos quedamos con la PRIMERA VERSIÓN, que recordamos con este sonetillo:


EL SEPULCRO VACÍO

Aquel sepulcro vacío
un mensaje proclamaba,
al mundo entero lo daba,
como perlas de rocío

De una mañana de estío,
al mundo que tanto amaba
Jesús que resucitaba
de aquel sepulcro sombrío.

La mortaja en él quedó
intacta, como fue puesta,
y un fiel testimonio dio,

Para el pueblo que creyó,
en aquel día de fiesta,
que Jesús resucitó.

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