Publicidad

El calentamiento que nos invade

Columnistas
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times
Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Me encuentro en lo alto de Rush Hill, en la remota isla de St. Paul,en Alaska. Si bien solo tiene unos 200 metros de altura,brinda una vista de 360 ​​ grados de esta parte –alrededor de21 kilómetros de largo por11 de ancho- de las islas Pribilof que está cubierta de tundra. Mientras la capucha de mi chubasquero se agita al compás del frío viento, clavo la mirada en las aguas plateadas del mar de Bering. El viento, siempre presente, azota la superficie formando un caos de olas espumosas y niebla.

El antiguo cono de escoria en el que estoy posado me recuerda que St. Paul fue, hace ya mucho tiempo, uno de los últimos lugares en los que podían encontrarse mamuts lanudos en América del Norte. Estoy aquí haciendo una investigación para mi libro The End of Ice . Y eso, a su vez, me devuelve a la nueva realidad en estas aguas del norte: con todo lo frías que siguen siendo, la perturbación climática causada por el hombre las está calentando lo suficiente como para amenazar con un posible colapso de la red alimenticia que sostiene esta isla de los unangan, sus habitantes aleutas , también conocidos como “el pueblo de las focas”. Dada el nivel con el que su cultura está vinculada a un estilo de vida de subsistencia, junto con la nueva realidad de que el número de focas, aves marinas y otras especies marinas que cazan o peces están disminuyendo, ¿cómo podría no afectarles esta crisis?

Mientras estuve en St. Paul hablé con muchos ancianos tribales que me contaron historias sobre menor cantidad de peces y aves marinas, tormentas más severas y temperaturas más cálidas, pero lo que más me impactó fueron sus relatos sobre el desplome de las poblaciones de focas peleteras. Dijeron que las madres de las focas tenían que nadar mucho más lejos para encontrar comida para sus crías y que los bebés morían de hambre antes de que pudieran regresar.
 

La difícil situación de esas focas en dramático declive podría convertirse en la situación de los propios Unangan, y en las próximas décadas, a medida que aumente la turbulencia del clima, podría ser también la situación de todos nosotros.

 

Continuar...

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Inscríbete a través de nuestro servicio de suscripción de correo electrónico gratuito para recibir notificaciones cuando hay nueva información disponible.