Un muchacho llega al Banco del Tiempo con una carta que nunca se atrevió a entregar y un reloj detenido cinco minutos antes de las ocho. Ella se marchó sin saber que él la amaba. Muchos años después, alguien regresará buscando aquella carta.

Un anciano de barba blanca llega al Banco del Tiempo asegurando que no tiene nombre. Allí espera Dark. Entre ambos comienza una conversación sobre aquello que creemos ser: nuestro nombre, nuestra edad, nuestros recuerdos. Antes de marcharse, el desconocido deja una nota escrita, según asegura, hace mil años… cuando todavía no existían el tiempo ni el silencio.

Una joven llega al Banco del Tiempo llevando una carta que encontró semanas atrás. No tiene fecha, sello ni remitente. Solo una extraña frase: «A quien la encuentre, aunque no sea para ti». Cuando finalmente decide abrirla, descubre que alguien escribió sobre su vida muchos años antes de que ella naciera.

Una mujer llega al camino de los Remedios con un pañuelo rojo, un viejo cuaderno y un recuerdo que lleva décadas persiguiéndola. Dark la observa sentarse. Entonces comienza a sonar una música que nadie más puede escuchar… y el banco parece despertar.

Hay un viejo banco de madera junto al camino de la ermita de los Remedios. Algunos pasan de largo. Otros se sientan unos minutos. Pero cuentan que, para ciertas personas, basta con ocupar aquel banco para que el tiempo deje de comportarse como debería. Y allí, esperando, siempre parece estar Dark.