Hay despedidas que se sienten en toda la comunidad. Toñi era una de esas personas que, sin hacer ruido, lograban que el mundo pareciera un lugar más amable. Tras su marcha reciente, y después de que estas palabras fueran compartidas en su memoria durante la misa de difuntos, dedicamos este espacio a su recuerdo y al de todas las madres que, como ella, dejan una huella imborrable en su familia.
Hay momentos en la vida en los que uno se pregunta para qué vivimos, si al final todo parece terminar. Pero entonces aparecen personas como Toñi.
Aún hoy, al recordarla en el parque cuidando de sus nietos, regresa esa sensación de paz. No hacía falta hablar mucho con ella; bastaba verla. Si la conversación era de lo más sencillo, de lo cotidiano… allí estaba siempre ese algo más que no se explica. Esa alma tranquila que habitaba en su interior.
Hay personas que no hacen ruido, pero dejan una huella imborrable.
Perder a una madre duele con un desgarro profundo.
Duele porque uno lleva dentro de sí toda su vida: sus desvelos, sus miedos, su entrega silenciosa y su forma de estar sin pedir nada a cambio. Una madre es todo eso… y mucho más.
Cuando se va, cuando es llamada —cada uno lo entiende a su manera—, cuesta comprender el vacío. Aparece la rabia, las preguntas, ese mirar hacia arriba buscando respuestas que no llegan. Quizá hay cosas que no están hechas para ser comprendidas. Quizá el tiempo, ese que todo lo ordena, es el único capaz de colocar, poco a poco, cada sentimiento en su lugar.
Porque cuando llega la noticia, el mundo se detiene. Solo quedan los recuerdos y ese “por qué” que no encuentra respuesta. El llanto cae en el silencio, como si el viento lo recogiera; las lágrimas se mezclan con el amor, y el dolor se funde con la ausencia.
Pero también queda lo vivido. Y eso, nadie lo borra.
Toñi sigue ahí: en cada gesto aprendido, en cada rincón donde alguna vez dejó su calma. Para ella, y para su familia, nace este poema escrito desde el respeto y el silencio:
En las esquinas de tu luz
Hay un hueco que dejas
en el camino que me queda por andar.
Siento el vacío de no verte,
pero te palpo en cada esquina que doblo,
en los rincones de mi alma.
El aire que respiro ya no es el mismo
sin tu presencia.
Te veo en la sombra que queda,
y te siento viva en tu ausencia.
Pasarán los años
y seguirás habitando en nosotros.
Sin espacios que llenar…
volverán los vientos
con la paciencia que nos dejaste.
Y volveré siempre
a las esquinas de tu luz.