Un muchacho llega al Banco del Tiempo con una carta que nunca se atrevió a entregar y un reloj detenido cinco minutos antes de las ocho. Ella se marchó sin saber que él la amaba. Muchos años después, alguien regresará buscando aquella carta.

Un anciano de barba blanca llega al Banco del Tiempo asegurando que no tiene nombre. Allí espera Dark. Entre ambos comienza una conversación sobre aquello que creemos ser: nuestro nombre, nuestra edad, nuestros recuerdos. Antes de marcharse, el desconocido deja una nota escrita, según asegura, hace mil años… cuando todavía no existían el tiempo ni el silencio.

Una joven llega al Banco del Tiempo llevando una carta que encontró semanas atrás. No tiene fecha, sello ni remitente. Solo una extraña frase: «A quien la encuentre, aunque no sea para ti». Cuando finalmente decide abrirla, descubre que alguien escribió sobre su vida muchos años antes de que ella naciera.

Una mujer llega al camino de los Remedios con un pañuelo rojo, un viejo cuaderno y un recuerdo que lleva décadas persiguiéndola. Dark la observa sentarse. Entonces comienza a sonar una música que nadie más puede escuchar… y el banco parece despertar.

Hay un viejo banco de madera junto al camino de la ermita de los Remedios. Algunos pasan de largo. Otros se sientan unos minutos. Pero cuentan que, para ciertas personas, basta con ocupar aquel banco para que el tiempo deje de comportarse como debería. Y allí, esperando, siempre parece estar Dark.

Dime algo, un poema escrito por D. Pedrosa en 2007, evoca el silencio de una ausencia, las preguntas sin respuesta y la soledad de quien espera una palabra que nunca llega. Una reflexión íntima sobre el amor, el recuerdo y los sentimientos que el tiempo no consigue borrar.
Se recomienda acompañar la lectura escuchando «Some Guys Have All the Luck», interpretada por Rod Stewart.

Todo transcurría en silencio hasta que un grito rompió la tranquilidad de la biblioteca: «¡Ladrones!». No habían desaparecido libros ni ordenadores. El culpable era una máquina de café que se había tragado dos euros. Lo que sucedió después fue una auténtica rebelión.

Treinta años pueden pasar sin que una pregunta encuentre respuesta. Él nunca comprendió por qué la mujer que amaba decidió abandonarlo. El destino quiso que volvieran a encontrarse, pero cuando tuvo la oportunidad de conocer la verdad, algo le impidió preguntar. Hay silencios que duran toda una vida.

En una biblioteca de cuyo nombre no quiero acordarme, los libros permanecían abiertos, las mochilas guardaban las sillas y algunos estudiantes desaparecían durante horas. Entre amores, exámenes y un misterioso avión procedente de Ibiza, nació una historia tan divertida como humana.

Solo quería aprovechar una tarde tranquila para escribir. Pero una mesa para cuatro, una pareja joven, una amiga y varios pequeños terremotos convirtieron la biblioteca en algo muy distinto.
Una tarde tranquila en la biblioteca
Una mesa para cuatro
La tarde había empezado bien.
Había llegado a la biblioteca, había elegido mi mesa de cuatro y estaba solo. Portátil abierto, papeles, auriculares y esa tranquilidad que necesito para escribir.