Pon los auriculares.
Sube el volumen.
Así nació El Caminante.
Durante cuatro meses, ocho horas diarias en la biblioteca y muchas más en el sofá de casa, la música fue mi compañera constante. A veces empalmaba días enteros sin darme cuenta. Los auriculares se convirtieron en parte de mí: eran la puerta al mundo donde Dark y Natacha respiraban, amaban y recordaban. Mientras afuera pasaba la vida, adentro sonaban los acordes que dieron forma al libro.
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Cada canción fue una chispa, una emoción, una escena escrita entre el humo del café y la penumbra de las lámparas. Algunas me hicieron llorar, otras me llevaron a galaxias lejanas, y otras —simplemente— me recordaron que aún estamos vivos.
Primera parte
La música dentro del libro
Us and Them – Pink Floyd
Capítulo: Un Paréntesis en la Eternidad | A partir de la página 30 | La música de El Caminante
La tormenta rugía tras los cristales.
El sueño, la humedad y los recuerdos se mezclaban aún en la piel de Dark y Natacha.
Salieron a la lluvia buscando respuestas que no estaban en los libros, sino en el aire, en los silencios, en el roce de sus manos sobre una taza de café caliente.
El café era un refugio suspendido en el tiempo.
Las lámparas ámbar, los libros envejecidos, el sonido del agua cayendo afuera… Todo parecía conspirar para que ese instante durara siglos.
Cuando el aguacero cesó, salieron de nuevo al mundo, con la ciudad brillando bajo los faroles mojados.
—Ven conmigo esta noche —le dijo Dark—. Dejemos que el mundo espere.
Y así, entre promesas y risas, subieron al ascensor antiguo de su edificio.
Natacha comenzó a despojarse de la ropa, de los siglos, del pasado.
El ascensor se detuvo, y entre sus brazos, el universo entero pareció detenerse también.
Entonces Dark susurró al asistente virtual:
“Pink Floyd... The Dark Side of the Moon, pista Us and Them.”
La habitación se llenó de aquella voz etérea, lenta, inmensa.
La música era más que un fondo: era el lenguaje del alma.
El tiempo se plegó sobre ellos; solo quedaron dos cuerpos, dos luces, un instante suspendido en la eternidad.
“Us and Them”…
Nosotros y ellos.
El amor y el tiempo.
La vida y aquello que viene después.
Escúchala mientras lees este capítulo:
At Last – Etta James
Capítulo: El Llamado de Orión | A partir de la página: 60
Entre los árboles, al borde del bosque...
Dark conduce a Natacha hasta una pequeña casita escondida entre la espesura. Allí, el tiempo parece detenido, como si los recuerdos hubieran tejido un refugio hecho de amor, distancia y destino.
Dentro, las sombras del pasado se confunden con la luz del fuego. Natacha observa el lugar con asombro y ternura: un libro sobre la mesa, una manta en el sofá, un pañuelo igual al que llevó en su viaje al Tíbet. Todo respira historia, presencia… alma.
Y de pronto, desde un viejo tocadiscos, suena una melodía que lo cambia todo.
La voz de Etta James se alza como un susurro eterno: “At last, my love has come along…”
Dark la mira, y por primera vez en siglos, siente que esas palabras le pertenecen.
Natacha lo abraza, y en ese instante el universo parece detenerse.
El blues se mezcla con el crepitar del fuego. El pasado se disuelve.
Solo quedan ellos dos, reencontrados, respirando al compás de una canción que parece escrita para su historia.
“At Last” no es solo una melodía aquí: es la voz del destino diciendo que, al fin, se han encontrado.
Johnny B. Goode – Chuck Berry
Capítulo: Primera Parada – “The Dusty Road Diner” | A partir de la página: 95
El desierto se extendía como una vieja postal amarillenta cuando Dark y Natacha detuvieron el coche frente a un restaurante clásico, con un neón parpadeante que parecía latir al ritmo de otra época.
Dentro, el aire olía a café recién hecho, a hamburguesas chisporroteando en la parrilla, y a sueños que no envejecen.
En una esquina, una jukebox daba vida al ambiente con una de esas canciones inmortales: “Johnny B. Goode” de Chuck Berry.
La guitarra eléctrica rompía el silencio del crepúsculo, trayendo consigo la energía de los años 50, el espíritu del viaje, la libertad en cuatro ruedas.
Dark y Natacha se sientan junto a la ventana.
Entre hamburguesas, batidos y recuerdos, la camarera les habla de cámaras que capturan fragmentos de tiempo. Dark sonríe, pero en su mirada hay algo más: la intuición de que esa foto, esa noche, y esa canción quedarán grabadas más allá de la memoria.
“Go, Johnny, go…” suena mientras el sol se apaga.
El neón parpadea.
Y en el reflejo del visor, el tiempo parece doblarse, como si aquella melodía hubiera abierto una puerta que solo los dos podrían cruzar.
Rock Me Baby – B.B. King
Capítulo: El regreso a Colonia | A partir de la página: 280
La noche había caído cuando Dark y Natacha llegaron a las afueras de Colonia.
El aire olía a bosque húmedo y a promesa. Tras los muros de una urbanización silenciosa, una casa esperaba, envuelta en luces cálidas y recuerdos.
Dark abre la puerta con ese gesto tranquilo que mezcla misterio y ternura. Natacha, fascinada, apenas puede hablar: la madera respira, las lámparas titilan, el arte parece observarlos.
Entonces, sin previo aviso, el silencio se llena de una voz que hace temblar las paredes: B.B. King y su “Rock Me Baby”.
El rey del blues acompaña el momento exacto en que la pasión y la calma se funden.
Las notas de la guitarra se deslizan por las paredes, rozan la piel, se cuelan entre las risas de ambos.
Dark la mira desde el sofá, Natacha baila descalza por la casa, sube las escaleras, toca los marcos y respira la vida que vuelve.
El blues convierte la mansión en un templo y la escena en una caricia del tiempo.
En ese instante, El Caminante deja de ser un viajero: es un hombre, una casa, una melodía y una mujer que lo llama desde el piso de arriba.
The Way You Look at Me / Parapono – Eleftheria Arvanitaki
Capítulo: Visita a Annette | A partir de la página: 360
Atenas brillaba bajo las luces del anochecer.
Las calles respiraban vida, conversaciones, aromas de taberna y una brisa que parecía traer ecos de otros siglos.
Natacha, Dark y sus amigos caminaron entre la multitud hasta encontrarse con un cartel que iluminaba la noche:
Θέατρο Παλλάς – Teatro Pallas.
En letras doradas, un nombre: Eleftheria Arvanitaki.
Una voz nacida del mar Egeo, capaz de hacer llorar a la piedra y sonreír al alma.
Entraron. Luces tenues, silencio, expectación.
Y cuando ella apareció en escena, todo se detuvo.
Su voz, acompañada por el laúd de Ara Dinkjian, atravesó el aire como una plegaria:
“The way you look at me, I lose my way…”
Natacha y Dark se tomaron de la mano.
Entre sus dedos, una luz invisible —la misma de Orión— comenzó a latir, respondiendo al alma de la canción.
En ese momento, todos, incluso los jóvenes que nunca habían escuchado una palabra en griego entendieron que la música verdadera no se traduce: se siente.
Más tarde, con el tema “Parapono”, las notas llenaron el teatro con la tristeza más dulce del mundo.
Alejandro, con los ojos humedecidos, susurró:
—Estoy oyendo la música… por primera vez.
Natacha lo abrazó y respondió:
—Bienvenido a tu nuevo mundo.
Y así fue.
Aquel concierto no fue solo un espectáculo: fue una iniciación.
El alma de Grecia se había abierto para todos ellos, y nada volvería a ser igual.
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Guess Who – B.B. King
Capítulo: El Reencuentro | A partir de la página: 460
A media mañana, el sol dibuja destellos sobre el asfalto de la montaña.
Dark y Natacha dejan atrás el Hotel de Job, montados en la Harley que ruge como un animal viejo y sabio.
No hablan. No hace falta.
El viento los envuelve, el bosque los saluda y el tiempo, por una vez, parece ir al ritmo de sus corazones.
Ella lo abraza por la espalda y rompe el silencio con una sonrisa en la voz:
—¿Te has dado cuenta? Todos tus amigos tienen nombres bíblicos.
Él calla un instante, como quien entiende más de lo que responde.
La vida, a veces, no necesita explicaciones. Solo música.
Y entonces, mientras la carretera se abre entre curvas y árboles, suena B.B. King.
Su guitarra llora y consuela, como si hablara por los dos.
“Guess Who” flota en el aire como un adiós que no termina, un amor que no se apaga.
No hubo más palabras.
Solo el rugido del motor, el eco del blues, y un abrazo que detuvo al universo.
El fin… o quizá, el verdadero comienzo.
Segunda parte
La música que escribió El Caminante
Fueron cuatro meses de días y noches confundidos, de café, silencio y auriculares que se fundieron conmigo. Cada nota fue una chispa, cada acorde una puerta hacia los mundos de Dark y Natacha. Hubo momentos en que el blues hablaba por mí, y otros en los que el universo entero parecía detenerse en un solo compás de Pink Floyd o en una caricia de B.B. King. Así nació El Caminante: entre canciones, soledad y esperanza. No fue solo un libro. Fue un latido que aún suena — allí donde la música y las estrellas se confunden.
- Hans Zimmer – A Time of Quiet Between the Storms
- Jeff Beck Tribute – The Sky Is Crying
- Led Zeppelin – Since I’ve Been Loving You
- Ronnie Wood, Johnny Depp & Imelda May – Remember (Walking in the Sand)
- Boz Scaggs – We’re All Alone
- Frederick Caper – Midnight, the Stars and You
- The Doors – When the Music’s Over
- The Rolling Stones – As Tears Go By
- The Doors – Riders on the Storm
- Wynton Marsalis – Jungle Blues
- Wynton Marsalis & Eric Clapton – Forty-Four
- Ten Years After – Call Me
- Eric Clapton – Over the Rainbow
- Etta James + Dr. John – I’d Rather Go Blind
- Enlly Blue – Soul Blue Icon (1950 Style)
- Hans Zimmer – Interstellar Main Theme (Extended)
- Monjes Benedictinos – 10 Magníficos Cantos Gregorianos
- Rory Gallagher – What in the World
- Johnny Winter – Suzie Q
- John Mayall, Gary Moore, Eric Clapton – Blues Vol.4
- Pink Floyd – Breathe / Any Colour You Like / Brain Damage / Eclipse
- Shigeru Umebayashi – Yumeji’s Theme (In the Mood for Love)
- Loquillo – Cadillac Solitario
- Van Morrison – Have I Told You Lately That I Love You
- Alice Fredenham – My Funny Valentine
- B. J. Thomas – Raindrops Keep Fallin’ on My Head
- Kyu Sakamoto – Sukiyaki
- Bobby Darin – Beyond the Sea
- 10cc – I’m Not in Love
- B.B. King & Van Morrison – If You Love Me
- Bruce Springsteen – Dancing in the Dark
- Queen – One Year of Love
- Fleetwood Mac – Sara
- Buddy Guy – Baby Please Don’t Leave Me
«Así nació El Caminante: entre canciones, silencio y esperanza. No fue solo un libro. Fue un latido que aún suena allí donde la música y las estrellas se confunden.»