Monte del olvido

El Caminante

Monte del olvido
Un poema nacido de un instante, de una mirada que cruzó el tiempo.
Ella, sobre la duna, sostiene una flor.

Él, desde el horizonte, regresa entre el viento y la espuma.
Entre ambos, solo el silencio… y la memoria de un amor que nunca dejó de existir.

Una escena poética inspirada en El Caminante, donde el alma y el destino se reencuentran frente al mar.

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MONTE DEL OLVIDO

En el monte del olvido, donde el tiempo se detiene,
ella espera al borde de la duna,
con una flor en la mano y el mar en los ojos.

Él camina desde lejos,
como quien regresa de otro siglo,
guiado por la memoria de un beso que nunca murió.

No hay distancia entre ellos,
solo el aire, el silencio…
y un destino que vuelve a latir.

Y cuando el viento trajo su nombre,
ella levantó la vista.

Sus pasos resonaron sobre la arena,
lentos, antiguos,
como si cada uno cruzara siglos de silencio.

Él la miró…
y el universo se detuvo.

No hicieron falta palabras:
bastó la flor entre sus manos,
y el temblor de la luz sobre la colina,
para que el recuerdo volviera a ser vida.

Entonces, el mar los envolvió en su calma,
y el tiempo se rindió.

No hubo pasado ni futuro,
solo el instante… eterno.

Las dunas guardaron su secreto,
el viento lo llevó a las estrellas,
y el universo —una vez más—
volvió a creer en el amor.

El Caminante
Diego Pedrosa

Guion de voz en off

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